Efecto Mozart ¿realidad o mito?

efecto mozart

Al escuchar la frase “efecto Mozart” nos imaginamos a una mujer embarazada con auriculares en su vientre, convencida de que la música clásica ayudará a que su bebé sea más inteligente. Pero realmente, ¿existe un estudio científico que respalde esta teoría, o más bien se trata de una industria de libros, cds y vídeos que se ha creado para que muchos obtengan grandes beneficios?

El efecto Mozart nació en 1993 cuando un grupo de científicos de la Universidad de California Irvine, liderado por la psicóloga Frances Rauscher, encontraron que algunos estudiantes universitarios obtuvieron mejores resultados en una prueba de razonamiento cuando justo antes de esta habían escuchado a Mozart (1). El efecto en estos estudiantes fue temporal (solo unos 15 minutos), pero aún así muchos medios alegaron que escuchar a Mozart ofrecía numerosos beneficios e incluso podía aliviar problemas de salud física y mental (2).

Tras conocerse el “efecto Mozart” un gobernador de Georgia regaló CDs de música clásica a cada recién nacido y en Florida una ley obligaba a que todos los niños menores de 5 años tenían que escuchar al menos 30 minutos de música clásica al día en el centro escolar.

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Los resultados obtenidos en el estudio de 1993 se asociaron también a una mejora del coeficiente intelectual de los bebés, lo cual sorprendió a la propia Rauscher. Ya que el estudio fue realizado con estudiantes universitarios y además, nunca se mencionó la frase “efecto Mozart” en el mismo.

Un informe publicado en la revista Pediatrics, manifestaba que no estaba claro si el estudio original de 1993 hacía referencia a la música de Mozart, o bien, al beneficio de la música en general.

Por otro lado, un equipo de la Facultad de Psicología de la Universidad Viena analizó todos los estudios que han tratado de reproducir el efecto Mozart desde 1993 y no encontraron pruebas de la existencia del efecto Mozart (3).

“El efecto Mozart es un mito con el que muchos se han llenado los bolsillos”

La música parece primordial para el desarrollo del cerebro y para realizar ciertos tipos de pensamientos. Por ejemplo, después de escuchar música clásica, los adultos pueden hacer ciertas tareas espaciales más rápido (hacer un rompecabezas). ¿Por qué?

Las vías que se activan en el cerebro para escuchar música clásica y para realizar tareas de razonamiento espacial son similares. Cuando se escucha música clásica, las vías que se necesitan para realizar una tarea de razonamiento espacial ya están preparadas para usarse; por eso, tras escuchar música clásica las tareas de razonamiento espacial se realizan más rápido. Este efecto dura poco tiempo y esa mejora que se ha producido en las habilidades espaciales desaparece poco después de dejar de escuchar la música (2).

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Además, los investigadores creen que la complejidad de la música clásica es la que prepara al cerebro para resolver problemas espaciales con mayor rapidez. Esto no quiere decir que escuchar otro tipo de música no sea bueno. La música puede tener un efecto positivo en el estado de ánimo y esto hace que el aprendizaje sea más fácil.

Algunos investigadores afirman que hay una forma de que la música haga que se mejore el coeficiente intelectual (CI) y aprendiendo a tocar un instrumento. Esto lleva algo más de esfuerzo, pero es beneficioso para el cerebro. La científica Jessica Grahn, de la Universidad del oeste de Londres, dice que tras un año de clases de piano y la práctica regular puede aumentar el CI hasta tres puntos (4).

Sin embargo, por otro lado, Samuel Mehr, de la Escuela de Educación de Harvard, afirma que “Hay muy poca evidencia de que las clases de música mejoren el desarrollo cognitivo de los niños” (5).

En este momento no se puede decir que escuchar música clásica o cualquier tipo de música incremente la inteligencia. Sin embargo, tampoco perjudicará al bebé, así que no hay nada malo en disfrutar de la buena música a cualquier edad.

“Escuchar a Mozart no va a perjudicar al bebé, pero no espere que por ello su hijo vaya a ser más inteligente”. 

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Psicóloga, madre de tres hijos. Me gusta todo lo relacionado con el arte y el pilates está dentro de mis rutinas diarias. Viajar es mi gran pasión y lo hago siempre que puedo, pero no tanto como me gustaría.

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